Desde que descubrí que soy asmático y ahora sabiendo el daño que me ha hecho todo esto, le doy más importancia a las alergias y me ha dado por analizar y observar en la práctica, todo lo que leo que provoca vivir con esto encima. Después de unos meses, y viendo como funciono desde que empecé con el tratamiento, he comprendido que antes vivía prácticamente siempre entre 2 estados de ánimo, fatiga y ansiedad. Ahora vivo mucho mejor, la ansiedad ha desaparecido y la fatiga aparece algunos días pero está más controlada.
Un día en el que todo hace efecto, es un día muy especial, no son así de agradables todos los días, pero hay que estar alerta. Hoy ha sonado el despertador y cuando he ido a levantarme me sentía como si me hubiera atropellado una manada de búfalos, la cabeza me pesaba como si alguien me estuviera empujando para abajo diciéndome: tú hoy no te levantas. A la vez sentía un intenso pinchacito en la sien tan agradable como una brisa veraniega. Mis ojos estaban hinchados como un globo y picaban como si me los hubiera frotado con cardos, es una sensación que siempre me ha hecho disfrutar mucho. Un zumbido en mis oidos me recordaba lo que siempre me ha gustado el taladro del vecino cuando está de obras. Mi nariz taponada me ha hecho darme cuenta de que tengo que agradecer que tengo boca como alternativa para respirar. Además, por la noche sólo me he despertado ahogado unas 3 veces, lo cual no está mal, aunque he tenido noches mejores en las que estos dulces despertares se han producido 6 o 7 veces. Mi gran capacidad pulmonar se ha visto limitada por una chincheta que se me incrustaba en los pulmones cuando trataba de llenarlos más de un 30% y mola jadear como un chucho.
Siendo alérgico a casi todo se vive muy bien. La vida de un alérgico, asmático, rinítico, es muy divertida. En sitios con humo se disfruta un montón, es una pena que no me guste salir por las noches, y además es una suerte vivir en una ciudad que vista desde fuera se ve gris, seguro que esto es muy bueno para un asmático. El frío es una maravilla para nosotros, en invierno la garganta disfruta mucho, hay días que es como si tragaras cristales, y esto teniendo en cuenta que soy un mago de esos a los que les gusta comer bombillas, es una gozada. El polvo me sienta bien, aspirar un poquito hace que se me estrechen los pulmones, lo cual sirve como filtro para que sólo entre aire puro, no hay mucho, pero así es más sano. Hacer deporte se sale, ya puedes estar en la mejor forma del mundo, que como tengas un día malo, lo mejor es volver a casa, tirarte en el sofá, te pones la tele, y a vivir que son 2 días. Y vivir con fatiga da gusto, porque así te puedes dedicar a no hacer nada, que es lo que siempre había soñado.
Todo esto que tengo la verdad es que es un poquito coñazo, pero en comparación con el malestar que he sentido en el pecho todos estos años por el descontrol del asma, está mucho mejor. Todavía a veces me duele el pecho, y siento que se me obstruyen los pulmones, pero los broncodilatadores calman mucho los síntomas. La presión que antes sentía en los pulmones, que me cerraba el estómago, y que era una angustia insoportable que me ha acompañado en muchos momentos de mi vida, ha desaparecido prácticamente. Hay momentos en los que no te queda más remedio que ser un poco pasotilla, porque si pretendes llevar el mismo ritmo que los demás, vas listo. Ahora vivo con una tranquilidad con la que nunca antes había logrado vivir.
La sensación que te produce un broncoespasmo puede ser aterradora, y más si no sabes qué es. Yo me he pasado la vida sufriéndolos, sintiéndome realmente mal en momentos puntuales, y sin entender por qué me pasaba algo tan violento. Vivir con muchas alergias y sin controlar el asma puede tener consecuencias bastante perjudiciales, vives incómodo, fatigado, en ocasiones con ansiedad, no puedes llevar una vida normal. Eres como un puñetero zombie al que le ha picado una mosca tsé-tsé, y cuando intentas salir de esa vida, la reacción de tu cuerpo es exagerada y no la puedes controlar. Hiperventilas cuando menos te lo esperas, especialmente en situaciones de nervios. Hay días que parece que puedes funcionar con normalidad, y otros sientes mucha inseguridad, inestabilidad, te cuesta concentrarte y hasta hablar a veces supone un esfuerzo y por la frustración te acabas aislando de todo, y eso no es vida. Está claro que sin medicinas no podía vivir una vida normal, vivía hecho polvo, jodido porque mi aparato respiratorio funcionaba mal casi todo el año.
Yo me di cuenta de que tenía un problema serio cuando ya no podía soportarlo más, cuando sentía que me quería morir antes que vivir así, no entendía porque tenía una vida que me gustaba, y no lograba sentirme bien. Psicológicamente ya estaba fatal, por la frustración de no poder hacer nada en condiciones, porque por mucho que luchara no lograba superar esto, por la ansiedad que me creaba la incertidumbre, porque esto me estaba aislando cada vez más del mundo. Hoy con tratamiento para las alergias en general, para la rinitis, para el asma, hay días que sigo luchando contra la fatiga, pero las cosas han mejorado mucho. Al vivir fatigado, no tienes fuerzas, no te apetece hacer vida social, ni tienes iniciativa para hacer cosas, sientes la cabeza cargada, te tienes que dar una colleja para espabilar y no puedes llevar una vida normal. Te vas de viaje y sientes que te cuesta moverte, en la universidad no prestas atención, lees y te entra sueño, haces deporte y te faltan fuerzas, no rindes en el trabajo, sientes que te apetece hacer cosas pero cuando llega el momento estás sin ganas. Socialmente te sientes un poco como si llevaras una marcha menos que los demás.
Hoy, gracias a la medicación para los bronquios no siento nada de ansiedad y puedo decir que vivo alternando los días entre el bienestar y la fatiga. Ahora hay muchos días en los que me encuentro muy bien, sin fatiga, y siento que así sí se puede vivir y busco poco a poco con medicinas y evitando ciertas actividades, ese punto de estabilidad al que antes era imposible llegar. Antes sentía que mentalmente quería hacer un millón de cosas, pero vivía apático, como deprimido y no conseguía salir de esa vida.
Cada caso será un mundo, habrá gente que le afecte más y gente que le afecte menos, pero a mí personalmente esto me ha hecho mucho daño. Si el año tiene 365 días, yo me tiro 20 con gripe, 50 con estornudos y picor de ojos fuertes, 120 con los pulmones cerrados, unas 100 noches no duermo mucho por el ahogo, y los días que estoy mejor tengo la nariz taponada. Así es complicado tener calidad de vida, y habrá casos mucho peores que el mío.
A pesar de que he tenido una vida más o menos normal, siempre he vivido tratando de superar algo que no sabía qué era, sufriendo en silencio, desde niño acompañado de algo que me impedía disfrutar de la vida y no me dejaba vivir en paz, algo que me limitaba mucho en mi vida diaria.
He dado un paso muy grande empezando a tratar el asma, pero aún tengo mucho que aprender.
Un saludo a todos...
lunes 6 de abril de 2009
domingo 23 de noviembre de 2008
Hasta que fuí consciente de lo que me estaba haciendo el asma
Hace poco tiempo me han dicho que soy asmático, y sinceramente, es la mejor noticia que me han dado en mis 32 años de vida.
Si cuando era pequeño, me hubieran transplantado aunque solo fuera por unas horas, unos pulmones sanos, quizá no habría tenido que pasar por todo esto. Supongo que de esa manera podría haber visto que mis pulmones no funcionaban demasiado bien. Y ya de paso, me habría librado de sufrir durante todos estos largos años las consecuencias de esta enfermedad, como la fatiga y angustia que provoca no poder respirar en condiciones normales.
Que yo recuerde, desde los 12 o 13 años he vivido acompañado en muchos momentos de algo que me hacía sufrir sin ninguna explicación. He vivido con sensación de cansancio la mayor parte de mi vida y todas las situaciones en las que alteraba un poco mi estado de ánimo, como nervios, ira, ansiedad... Sin saber por qué, sentía una presión muy fuerte en el pecho. Algo tan simple como pensar que tenía un examen ya me provocaba un dolor en el pecho que me angustiaba. Y siempre pensé que era un problema psicológico.
Era un sentimiento desproporcionado que ahora he comprendido, en momentos puntuales me quedaba sin aire y se producía una inflamación en mis pulmones. Como si una pared presionara mi pecho con fuerza hasta dejarme sin aire, provocándome un agobio que no podía controlar.
Hoy sé lo que es y puedo identificarlo. Si eres asmático puedes tener un broncoespasmo y sentirte mal cuando menos te lo esperas, estás muy expuesto a este mundo al que a tu cuerpo le cuesta adaptarse. Los pulmones de un asmático se obstruyen con facilidad por alérgenos externos, por humo, polvo, polen, ácaros...
-En medicina se entiende por broncoespasmo al estrechamiento de la luz bronquial como consecuencia de la contracción de la musculatura de los bronquios, que causa dificultades al respirar-.
Las emociones y el asma tienen mucha relación y por esta razón, si tienes esta enfermedad, el aparato respiratorio es muy sensible y ante situaciones de nervios se resiente todavía más y reacciona de forma brusca. El asma activa las emociones y viceversa, es como un círculo vicioso. Esto lo he leído en varios sitios y yo puedo asegurar que es totalmente cierto.
Cuando tenía unos 15 años ya tenía muchas alergias y un médico me dijo que tenía híperreactividad bronquial pero nunca le di ninguna importancia. Debí haberme informado a fondo y tenía que haber relacionado lo que sentía con esto, pero no lo hice y arrastré este problema durante muchos años.
El paso de los años era frustrante para mí por no ser capaz de superar todo esto. Vivir fatigado y en muchos momentos hiperventilando sin una explicación clara, cada vez me iba afectando más psicológicamente. Me creaba mucha inseguridad y una incertidumbre tremenda, sobre todo porque no entendía por qué en ocasiones me sentía seguro de mí mismo y en otras me sentía tan mal y acababa hundido.
He vivido muchos años con la idea de que tenía que erradicar esa inseguridad que me hacía sentir la opresión que sufría en mi pecho, no podía llevar una vida normal sintiéndome así, lo intentaba, pero no era posible. Las alergias y el asma estaban dirigiendo mi vida año tras año, y no me permitían hacer muchas de las cosas que me proponía.
Cuando ya tenía 27 años seguía pensando que todo era un problema psicológico y buscaba de mil maneras la forma de superarlo pero sin éxito y decidí acudir a un psicólogo para tratar de entender esto. Le expliqué la presión que sentía en el pecho ante ciertas situaciones y que me costaba mucho llevar una vida normal, que siempre me sentía un poco decaído. Tenía que entender lo que me pasaba y tiraba por esa vía.
Ya con 30 años, haciendo un curso de buceo, el profesor, que además era médico, vio que vaciaba las botellas de oxígeno el doble de rápido que los demás y me dijo que tenía que respirar mejor, inhalar y exhalar mucho más despacio. Probé en otra inmersión y sólo podía respirar jadeando, si intentaba respirar al ritmo que me había explicado el profesor, sentía que me ahogaba. Le dije al profesor que de pequeño me habían dicho que tenía híperreactividad bronquial, y él me dijo que eso era asma. Si hubiese tenido conocimiento de las consecuencias que tiene esta enfermedad, todo lo que más adelante leí, no lo habría dejado pasar y habría caído en que esto era lo que me creaba tantos problemas.
Vivía acostumbrado a esta sensación en mi pecho desde niño y nunca fui consciente de su anormalidad hasta que empecé a tratarla y vi que desaparecía de golpe. Desde luego se vive mucho mejor sin esa sensación tan desagradable que te machaca por dentro.
Tenía 31 años y aún no lo había descubierto, cuando llegué a un punto en el que ya no podía más y tuve que pasar por un auténtico infierno por la desesperación, que me hizo caer en una depresión enorme. Por los nervios y la ansiedad que esto me provocaba la presión en el pecho pasó a ser mucho más fuerte y continua durante unos 6 meses. No lograba quitármela y dediqué todo este tiempo a superar el problema. Tenía que encontrar la raíz o mi vida estaba condenada a vivir apartado de todo para no sufrir. Había momentos en los que el sufrimiento era tan fuerte, que sentía que me quería morir.
Buscaba todo lo que se me ocurría en Google, para mí hoy "San Google". La agonía no me dejaba pensar en otra cosa, lloraba todos los días por la desesperación, pasaba las horas sufriendo mientras buscaba una respuesta dando vueltas por la casa como un león enjaulado o acurrucado en el sofá pensando qué hacer para salir de aquello.
Nadie se estaba enterando absolutamente de nada, siempre había tratado de aparentar que llevaba una vida completamente normal y todo lo que me ocurría lo llevaba por dentro en absoluto silencio. Como muchos asmáticos, sufría mientras nadie se percataba de lo que estaba sintiendo.
Esto lo leí en otro blog y me sentí muy identificado: “El asma es una enfermedad sorda, que se manifiesta hacia adentro, va haciendo su trabajo de obstrucción, hasta que finalmente te produce un agobio del que sólo tú eres consciente. Alrededor la vida sigue como siempre: te hacen encargos, te piden favores, tú los pides, te agobias porque no llegas, con tu respiración, a lo que los demás te exigen o te piden o te sugieren. Respirar bien es imprescindible para cumplir con lo que mandan los días, pero los demás no saben si respiras bien o respiras mal, y por tanto sigues siendo para ellos el mismo de siempre”.
Muchas veces a lo largo de mi vida me he escudado en el alcohol ya que gracias a él salía de esa apatía con la que vivía y borraba esa angustia que me acompañaba en muchos momentos. Automáticamente desaparecía ese malestar, la presión en el pecho que sentía tan a menudo se iba por unas horas y podía disfrutar. Indagando, he leído que el alcohol alivia el asma porque calma la inflamación de los bronquios.
Como seguía pensando que mi problema era psicológico, empecé a buscar algún remedio que hiciera algo parecido al alcohol. En Internet encontré un montón de medicinas que iban dirigidas a problemas de este tipo, ansiedad, decaimiento. Si en un estado de desesperanza lees cosas como “la píldora de la felicidad”, te lo crees, y dices: “si con el alcohol logro sentirme bien, seguro que con unas pastillitas voy a encontrar lo que necesito”. Me daban igual los efectos secundarios, había llegado a un punto en el que no veía otra solución.
Para acceder a esas pastillas era necesario acudir a un psiquiatra. Visité a uno, hablamos quince minutos, y aquella conversación fue suficiente para que me las recetara. Estaba desesperado y en ese momento era la única solución que veía.
Empecé a tomarla, tenía que tomar 2 diarias. La primera semana me alteró mucho el sueño, mi cuerpo temblaba, la presión en el pecho se multiplicó por cinco y era absolutamente insoportable. Aguanté un mes y decidí dejarlo. Pensé que tomando algo así, quizá encontraría el remedio a todos mis males que arrastraba desde pequeño, pero por el contrario incrementaron sustancialmente los síntomas de mi enfermedad.
Continuamente me preguntaba por qué me estaba pasando todo esto, tenía todo en la vida, y no lograba sentirme bien nunca.
Seguí mirando en Google, convencido de que todos mis problemas eran de cabeza y no le daba importancia a todas mis alergias, ni a sus consecuencias, el asma y la rinitis, supongo que porque estaba acostumbrado a ellas y no era consciente del mal que me hacían. Buscando por “inseguridad“, “ansiedad” y ese tipo de cosas, encontré algunas cosas que tenían cierto parecido con lo que a mí me pasaba, como la fobia social, o un tipo de autismo leve llamado Síndrome de Asperger. Yo ya me creía todo lo que leía, no me sentía del todo identificado, pero sí se asemejaba en algunas cosas. Me encontraba mal en todos lados y con gente se incrementaba porque sentía que no podía seguir el mismo ritmo que los demás y porque vivía con miedo a que en cualquier momento me viniera esa desagradable sensación de ahogo.
Había llegado a un punto en el que necesitaba que me dijeran “ERES ESTO”, o “TIENES ESTO”, tenía que encontrar una causa.
Decidí tirar de seguro médico y empecé a visitar a todo tipo de médicos. Una vez descartado que fuera algo neurológico, ni por problemas de alimentación, ni de corazón.
Me hice pruebas de alergia y seguía igual que cuando era más pequeño, era alérgico a un montón de cosas y prácticamente los 12 meses del año. Tenía alergia a casi todo, polvo, gramíneas, arizónicas, animales, a todo menos a los hongos de la humedad. Con un nivel de Inmunoglobulina E muy por encima del que tiene una persona normal, que es lo que provoca la hipersensibilidad en alérgicos. El alergólogo me dijo que tenía rinitis alérgica, que puede afectar en la calidad de vida, ya que duermes peor, te sientes cansado por las molestias. No era algo grave, aunque sí me daba alguna respuesta. Le comenté al alergólogo lo del asma y me confirmó que lo era por culpa de estas alergias, me recomendó ir a un neumólogo.
Un psicólogo me dijo que todo que todo esto podía ser el origen de todo lo que me pasaba, y a partir de ahí empecé a buscar en Internet la relación entre todo lo que me había pasado estos años y la enfermedad que yo tenía, -que hasta entonces yo no había visto como tal, como una ENFERMEDAD-. Empecé a escribir: “asma y ansiedad”, “asma y depresión”, “asma y cansancio”, “asma dolor en el pecho”, salían miles de artículos, opiniones, relatos, noticias, relacionando el asma con todo lo que había sentido toda mi vida, no me lo podía creer.
Fui a ver a un neumólogo y me dijo que el asma es una enfermedad crónica y que en mi caso al ser persistente, debía tratarla a diario durante toda mi vida, que no era temporal o para un caso de crisis. Después de pocos días usando broncodilatadores poco a poco fui notando los efectos positivos. Sentía como estaba más tranquilo, amagaba que venía esa sensación hacia el pecho, que yo esperaba como algo habitual, y de repente sentía como un ligero cosquilleo, como si la antigua sensación a la que estaba acostumbrado pasara de largo.
Por fin lo había encontrado, me encontraba mal por mis miles de alergias y por todo lo que estas provocaban em mí. Lo peor de todo era la presión en el pecho bastante habitual en mi vida, y para paliarla, bastaba con algo tan sencillo como un antiinflamatorio que se introduce en los bronquios y automáticamente calma dicha presión. Con tratamiento empezaba a sentir un alivio que no había sentido nunca durante días seguidos.
Desde que he empezado a tratar el asma y he comprendido todo lo que tengo, he aprendido a identificar cuando me viene un broncoespasmo y como paliarlo. Sé cuando mis pulmones se cierran por un ataque y el aire pasa con dificultad. Y gracias a las medicinas la angustia que sentía en mi pecho practicamente ha desaparecido. Comparo lo que siento ahora con lo que sentía antes y la diferencia es abismal. Y ahora me fijo en todo lo que me provocan las alergias y le doy más importancia tratando de poner remedios. Hoy sigo teniendo algunos síntomas por culpa de las alergias, especialmente la fatiga, pero todo los síntomas del asma son mucho más suaves y más controlados.
Tanta investigación provocada por la desesperación me ha dado muchas respuestas para explicar un montón de cosas que no lograba comprender.
A lo largo de mi vida he tenido muchos momentos de especiales nervios en los que no comprendía porque me sentía tan mal, y ahora la explicación es muy sencilla, la sobrerreacción de mis pulmones hacía que me ahogara y me creaba mucha inseguridad.
He fumado desde los 18 años, pero sólo cuando salía los fines de semana y bebía. Cuando no, con el tabaco me mareaba y lo rechazaba totalmente. Con alcohol sí podía porque mis pulmones como ya he explicado, se relajaban. Evidentemente tabaco y asma no es una buena combinación.
Muchas noches a lo largo de estos años, me acostaba muy cansado y me dormía sin ningún problema, pero a los pocos minutos me despertaba con una sensación de agobio tremenda y luego me costaba volver a dormir. Ahora he descubierto que los despertares nocturnos son muy comunes entre los asmáticos por ahogo.
Siempre me ha costado mucho el día a día y me desesperaba, intentaba llevar el mismo ritmo que los demás y no me veía capaz. Recuerdo muchas veces subir unas escaleras y pensar que parecía que tenía 60 años. La fatiga y el asma son compañeros de viaje.
A veces estando en un bar de repente me sentía fatal, o en clase en la universidad veía que no era capaz de concentrarme, en viajes me desesperaba luchar contra el cansancio, haciendo deporte me sentía muchas veces sin fuerzas... Me creaba muchísima incertidumbre ver como un día estás fenomenal y con seguridad y otro te sientes muy débil y no puedes controlar lo que sientes. Cada año iba perdiendo más confianza porque no lograba controlarlo y cada vez me estaba aislando más de todo.
Si no llego a investigar y a informarme por mi cuenta de todo esto, nunca lo habría encontrado. Lo que prueba que es una enfermedad de la que falta información. Luchaba contra algo que tenía delante de mis narices, pero que era incapaz de ver y lo confundía con un problema psicológico, que por supuesto también tenía, pero con una raíz física.
He escrito esto para desahogarme un poquito y porque pienso que mi historia puede ayudar a entender mejor esta enfermedad. Por desgracia el asma es difícil de diagnosticar y las alergias causan molestias pero puedes estar viviendo con mucha fatiga y no darte cuenta de ello. Puede haber más gente que como yo, sufre sin entender por qué. Se puede tirar toda la vida con esta mierda encima sin tratarlo y sin comprenderlo.
Un saludo a todos y muchísimas gracias por leerme.
Esta imagen para mí es muy significativa,

Estos son algunos de los titulares que me ayudaron a entender todo esto:
"El asma es una enfermedad pulmonar crónica, que se caracteriza por la inflamación de los bronquios, así como por la obstrucción de éstos como consecuencia de la contracción de los músculos que los rodean".
"Es una enfermedad que normalmente mejora con la utilización de broncodilatadores, es decir, es reversible y requiere un tratamiento con antiinflamatorios, personalizado y ajustado al grado de afectación".
"Los síntomas más destacados del asma son los sibilantes (pitos), la sensación de opresión en el pecho y la dificultad para respirar (disnea), la tos persistente, la fatiga y los despertares nocturnos".
"El control del asma le permite mejorar su calidad de vida, tener menos síntomas, e incluso no tenerlos, dormir y descansar mejor, no faltar a la escuela o al trabajo, realizar mejor cualquier actividad física".
"El asma es un trastorno inflamatorio crónico de las vías aéreas. Como respuesta de esta inflamación crónica, las vías aéreas desarrollan un evento conocido como híperreactividad, caracterizado por obstrucción en el flujo de aire".
“El ataque de asma ocurre en las vías respiratorias, los conductos que llevan el aire a los pulmones. A medida que el aire pasa por los pulmones, las vías respiratorias se van haciendo más pequeñas, como las ramas de un árbol al alejarse del tronco. Durante un ataque, las membranas que recubren las vías respiratorias en los pulmones se inflaman, lo cual hace que las vías se encojan. El cuerpo produce una mucosa que obstruye las vías respiratorias cada vez más y de esta manera impide la salida y entrada del aire en los pulmones".
“Asma y depresión: las razones de una infortunada relación. Asma y depresión suelen asociarse no sólo por su naturaleza de padecimiento crónico sino sobre todo en los casos en los cuales la afección respiratoria no está bien controlada. En esta situación, la dificultad o incapacidad para llevar a cabo ciertas actividades propende al aislamiento y a la frustración”.
"Si el asmático y su grupo familiar no se informan, no le queda a este enfermo otra posibilidad que vivir bajo la dictadura de su enfermedad".
“El asma no es una enfermedad psicológica, pero el papel de las emociones como disparadoras o agravantes de una crisis asmática es innegable”.
“Muchos asmáticos relatan haber tenido un ataque en situaciones en las que se involucraron emocionalmente, por ejemplo riéndose a carcajadas en una fiesta, temblando de miedo al caminar por una calle oscura, o tras la espera ansiosa de un resultado”.
“Señalan que el alcohol en sí mismo puede conseguir cierto alivio del asma. Las investigaciones modernas demuestran que el alcohol puede ayudar a dilatar las vías respiratorias que se estrechan durante un ataque de asma. Varios estudios han demostrado claramente que la administración de dosis moderadas de alcohol a personas asmáticas dilata las vías respiratorias y facilita con ello la respiración”.
“Si usted tiene asma, significa que esta enfermedad está presente en usted todo el tiempo, pero tendrá ataques de asma solo cuando algo está afectando sus pulmones. Usted puede controlar el asma si reconoce los signos de alerta de un ataque, evita el contacto con las cosas que lo pueden originar y sigue las recomendaciones de su médico".
“Los pacientes con enfermedades alérgicas como rinitis y asma suelen presentar quejas que van más allá de los síntomas característicos de cada enfermedad y que son el resultado de la repercusión de la enfermedad sobre diversos aspectos emocionales y de comportamiento”.
Si cuando era pequeño, me hubieran transplantado aunque solo fuera por unas horas, unos pulmones sanos, quizá no habría tenido que pasar por todo esto. Supongo que de esa manera podría haber visto que mis pulmones no funcionaban demasiado bien. Y ya de paso, me habría librado de sufrir durante todos estos largos años las consecuencias de esta enfermedad, como la fatiga y angustia que provoca no poder respirar en condiciones normales.
Que yo recuerde, desde los 12 o 13 años he vivido acompañado en muchos momentos de algo que me hacía sufrir sin ninguna explicación. He vivido con sensación de cansancio la mayor parte de mi vida y todas las situaciones en las que alteraba un poco mi estado de ánimo, como nervios, ira, ansiedad... Sin saber por qué, sentía una presión muy fuerte en el pecho. Algo tan simple como pensar que tenía un examen ya me provocaba un dolor en el pecho que me angustiaba. Y siempre pensé que era un problema psicológico.
Era un sentimiento desproporcionado que ahora he comprendido, en momentos puntuales me quedaba sin aire y se producía una inflamación en mis pulmones. Como si una pared presionara mi pecho con fuerza hasta dejarme sin aire, provocándome un agobio que no podía controlar.
Hoy sé lo que es y puedo identificarlo. Si eres asmático puedes tener un broncoespasmo y sentirte mal cuando menos te lo esperas, estás muy expuesto a este mundo al que a tu cuerpo le cuesta adaptarse. Los pulmones de un asmático se obstruyen con facilidad por alérgenos externos, por humo, polvo, polen, ácaros...
-En medicina se entiende por broncoespasmo al estrechamiento de la luz bronquial como consecuencia de la contracción de la musculatura de los bronquios, que causa dificultades al respirar-.
Las emociones y el asma tienen mucha relación y por esta razón, si tienes esta enfermedad, el aparato respiratorio es muy sensible y ante situaciones de nervios se resiente todavía más y reacciona de forma brusca. El asma activa las emociones y viceversa, es como un círculo vicioso. Esto lo he leído en varios sitios y yo puedo asegurar que es totalmente cierto.
Cuando tenía unos 15 años ya tenía muchas alergias y un médico me dijo que tenía híperreactividad bronquial pero nunca le di ninguna importancia. Debí haberme informado a fondo y tenía que haber relacionado lo que sentía con esto, pero no lo hice y arrastré este problema durante muchos años.
El paso de los años era frustrante para mí por no ser capaz de superar todo esto. Vivir fatigado y en muchos momentos hiperventilando sin una explicación clara, cada vez me iba afectando más psicológicamente. Me creaba mucha inseguridad y una incertidumbre tremenda, sobre todo porque no entendía por qué en ocasiones me sentía seguro de mí mismo y en otras me sentía tan mal y acababa hundido.
He vivido muchos años con la idea de que tenía que erradicar esa inseguridad que me hacía sentir la opresión que sufría en mi pecho, no podía llevar una vida normal sintiéndome así, lo intentaba, pero no era posible. Las alergias y el asma estaban dirigiendo mi vida año tras año, y no me permitían hacer muchas de las cosas que me proponía.
Cuando ya tenía 27 años seguía pensando que todo era un problema psicológico y buscaba de mil maneras la forma de superarlo pero sin éxito y decidí acudir a un psicólogo para tratar de entender esto. Le expliqué la presión que sentía en el pecho ante ciertas situaciones y que me costaba mucho llevar una vida normal, que siempre me sentía un poco decaído. Tenía que entender lo que me pasaba y tiraba por esa vía.
Ya con 30 años, haciendo un curso de buceo, el profesor, que además era médico, vio que vaciaba las botellas de oxígeno el doble de rápido que los demás y me dijo que tenía que respirar mejor, inhalar y exhalar mucho más despacio. Probé en otra inmersión y sólo podía respirar jadeando, si intentaba respirar al ritmo que me había explicado el profesor, sentía que me ahogaba. Le dije al profesor que de pequeño me habían dicho que tenía híperreactividad bronquial, y él me dijo que eso era asma. Si hubiese tenido conocimiento de las consecuencias que tiene esta enfermedad, todo lo que más adelante leí, no lo habría dejado pasar y habría caído en que esto era lo que me creaba tantos problemas.
Vivía acostumbrado a esta sensación en mi pecho desde niño y nunca fui consciente de su anormalidad hasta que empecé a tratarla y vi que desaparecía de golpe. Desde luego se vive mucho mejor sin esa sensación tan desagradable que te machaca por dentro.
Tenía 31 años y aún no lo había descubierto, cuando llegué a un punto en el que ya no podía más y tuve que pasar por un auténtico infierno por la desesperación, que me hizo caer en una depresión enorme. Por los nervios y la ansiedad que esto me provocaba la presión en el pecho pasó a ser mucho más fuerte y continua durante unos 6 meses. No lograba quitármela y dediqué todo este tiempo a superar el problema. Tenía que encontrar la raíz o mi vida estaba condenada a vivir apartado de todo para no sufrir. Había momentos en los que el sufrimiento era tan fuerte, que sentía que me quería morir.
Buscaba todo lo que se me ocurría en Google, para mí hoy "San Google". La agonía no me dejaba pensar en otra cosa, lloraba todos los días por la desesperación, pasaba las horas sufriendo mientras buscaba una respuesta dando vueltas por la casa como un león enjaulado o acurrucado en el sofá pensando qué hacer para salir de aquello.
Nadie se estaba enterando absolutamente de nada, siempre había tratado de aparentar que llevaba una vida completamente normal y todo lo que me ocurría lo llevaba por dentro en absoluto silencio. Como muchos asmáticos, sufría mientras nadie se percataba de lo que estaba sintiendo.
Esto lo leí en otro blog y me sentí muy identificado: “El asma es una enfermedad sorda, que se manifiesta hacia adentro, va haciendo su trabajo de obstrucción, hasta que finalmente te produce un agobio del que sólo tú eres consciente. Alrededor la vida sigue como siempre: te hacen encargos, te piden favores, tú los pides, te agobias porque no llegas, con tu respiración, a lo que los demás te exigen o te piden o te sugieren. Respirar bien es imprescindible para cumplir con lo que mandan los días, pero los demás no saben si respiras bien o respiras mal, y por tanto sigues siendo para ellos el mismo de siempre”.
Muchas veces a lo largo de mi vida me he escudado en el alcohol ya que gracias a él salía de esa apatía con la que vivía y borraba esa angustia que me acompañaba en muchos momentos. Automáticamente desaparecía ese malestar, la presión en el pecho que sentía tan a menudo se iba por unas horas y podía disfrutar. Indagando, he leído que el alcohol alivia el asma porque calma la inflamación de los bronquios.
Como seguía pensando que mi problema era psicológico, empecé a buscar algún remedio que hiciera algo parecido al alcohol. En Internet encontré un montón de medicinas que iban dirigidas a problemas de este tipo, ansiedad, decaimiento. Si en un estado de desesperanza lees cosas como “la píldora de la felicidad”, te lo crees, y dices: “si con el alcohol logro sentirme bien, seguro que con unas pastillitas voy a encontrar lo que necesito”. Me daban igual los efectos secundarios, había llegado a un punto en el que no veía otra solución.
Para acceder a esas pastillas era necesario acudir a un psiquiatra. Visité a uno, hablamos quince minutos, y aquella conversación fue suficiente para que me las recetara. Estaba desesperado y en ese momento era la única solución que veía.
Empecé a tomarla, tenía que tomar 2 diarias. La primera semana me alteró mucho el sueño, mi cuerpo temblaba, la presión en el pecho se multiplicó por cinco y era absolutamente insoportable. Aguanté un mes y decidí dejarlo. Pensé que tomando algo así, quizá encontraría el remedio a todos mis males que arrastraba desde pequeño, pero por el contrario incrementaron sustancialmente los síntomas de mi enfermedad.
Continuamente me preguntaba por qué me estaba pasando todo esto, tenía todo en la vida, y no lograba sentirme bien nunca.
Seguí mirando en Google, convencido de que todos mis problemas eran de cabeza y no le daba importancia a todas mis alergias, ni a sus consecuencias, el asma y la rinitis, supongo que porque estaba acostumbrado a ellas y no era consciente del mal que me hacían. Buscando por “inseguridad“, “ansiedad” y ese tipo de cosas, encontré algunas cosas que tenían cierto parecido con lo que a mí me pasaba, como la fobia social, o un tipo de autismo leve llamado Síndrome de Asperger. Yo ya me creía todo lo que leía, no me sentía del todo identificado, pero sí se asemejaba en algunas cosas. Me encontraba mal en todos lados y con gente se incrementaba porque sentía que no podía seguir el mismo ritmo que los demás y porque vivía con miedo a que en cualquier momento me viniera esa desagradable sensación de ahogo.
Había llegado a un punto en el que necesitaba que me dijeran “ERES ESTO”, o “TIENES ESTO”, tenía que encontrar una causa.
Decidí tirar de seguro médico y empecé a visitar a todo tipo de médicos. Una vez descartado que fuera algo neurológico, ni por problemas de alimentación, ni de corazón.
Me hice pruebas de alergia y seguía igual que cuando era más pequeño, era alérgico a un montón de cosas y prácticamente los 12 meses del año. Tenía alergia a casi todo, polvo, gramíneas, arizónicas, animales, a todo menos a los hongos de la humedad. Con un nivel de Inmunoglobulina E muy por encima del que tiene una persona normal, que es lo que provoca la hipersensibilidad en alérgicos. El alergólogo me dijo que tenía rinitis alérgica, que puede afectar en la calidad de vida, ya que duermes peor, te sientes cansado por las molestias. No era algo grave, aunque sí me daba alguna respuesta. Le comenté al alergólogo lo del asma y me confirmó que lo era por culpa de estas alergias, me recomendó ir a un neumólogo.
Un psicólogo me dijo que todo que todo esto podía ser el origen de todo lo que me pasaba, y a partir de ahí empecé a buscar en Internet la relación entre todo lo que me había pasado estos años y la enfermedad que yo tenía, -que hasta entonces yo no había visto como tal, como una ENFERMEDAD-. Empecé a escribir: “asma y ansiedad”, “asma y depresión”, “asma y cansancio”, “asma dolor en el pecho”, salían miles de artículos, opiniones, relatos, noticias, relacionando el asma con todo lo que había sentido toda mi vida, no me lo podía creer.
Fui a ver a un neumólogo y me dijo que el asma es una enfermedad crónica y que en mi caso al ser persistente, debía tratarla a diario durante toda mi vida, que no era temporal o para un caso de crisis. Después de pocos días usando broncodilatadores poco a poco fui notando los efectos positivos. Sentía como estaba más tranquilo, amagaba que venía esa sensación hacia el pecho, que yo esperaba como algo habitual, y de repente sentía como un ligero cosquilleo, como si la antigua sensación a la que estaba acostumbrado pasara de largo.
Por fin lo había encontrado, me encontraba mal por mis miles de alergias y por todo lo que estas provocaban em mí. Lo peor de todo era la presión en el pecho bastante habitual en mi vida, y para paliarla, bastaba con algo tan sencillo como un antiinflamatorio que se introduce en los bronquios y automáticamente calma dicha presión. Con tratamiento empezaba a sentir un alivio que no había sentido nunca durante días seguidos.
Desde que he empezado a tratar el asma y he comprendido todo lo que tengo, he aprendido a identificar cuando me viene un broncoespasmo y como paliarlo. Sé cuando mis pulmones se cierran por un ataque y el aire pasa con dificultad. Y gracias a las medicinas la angustia que sentía en mi pecho practicamente ha desaparecido. Comparo lo que siento ahora con lo que sentía antes y la diferencia es abismal. Y ahora me fijo en todo lo que me provocan las alergias y le doy más importancia tratando de poner remedios. Hoy sigo teniendo algunos síntomas por culpa de las alergias, especialmente la fatiga, pero todo los síntomas del asma son mucho más suaves y más controlados.
Tanta investigación provocada por la desesperación me ha dado muchas respuestas para explicar un montón de cosas que no lograba comprender.
A lo largo de mi vida he tenido muchos momentos de especiales nervios en los que no comprendía porque me sentía tan mal, y ahora la explicación es muy sencilla, la sobrerreacción de mis pulmones hacía que me ahogara y me creaba mucha inseguridad.
He fumado desde los 18 años, pero sólo cuando salía los fines de semana y bebía. Cuando no, con el tabaco me mareaba y lo rechazaba totalmente. Con alcohol sí podía porque mis pulmones como ya he explicado, se relajaban. Evidentemente tabaco y asma no es una buena combinación.
Muchas noches a lo largo de estos años, me acostaba muy cansado y me dormía sin ningún problema, pero a los pocos minutos me despertaba con una sensación de agobio tremenda y luego me costaba volver a dormir. Ahora he descubierto que los despertares nocturnos son muy comunes entre los asmáticos por ahogo.
Siempre me ha costado mucho el día a día y me desesperaba, intentaba llevar el mismo ritmo que los demás y no me veía capaz. Recuerdo muchas veces subir unas escaleras y pensar que parecía que tenía 60 años. La fatiga y el asma son compañeros de viaje.
A veces estando en un bar de repente me sentía fatal, o en clase en la universidad veía que no era capaz de concentrarme, en viajes me desesperaba luchar contra el cansancio, haciendo deporte me sentía muchas veces sin fuerzas... Me creaba muchísima incertidumbre ver como un día estás fenomenal y con seguridad y otro te sientes muy débil y no puedes controlar lo que sientes. Cada año iba perdiendo más confianza porque no lograba controlarlo y cada vez me estaba aislando más de todo.
Si no llego a investigar y a informarme por mi cuenta de todo esto, nunca lo habría encontrado. Lo que prueba que es una enfermedad de la que falta información. Luchaba contra algo que tenía delante de mis narices, pero que era incapaz de ver y lo confundía con un problema psicológico, que por supuesto también tenía, pero con una raíz física.
He escrito esto para desahogarme un poquito y porque pienso que mi historia puede ayudar a entender mejor esta enfermedad. Por desgracia el asma es difícil de diagnosticar y las alergias causan molestias pero puedes estar viviendo con mucha fatiga y no darte cuenta de ello. Puede haber más gente que como yo, sufre sin entender por qué. Se puede tirar toda la vida con esta mierda encima sin tratarlo y sin comprenderlo.
Un saludo a todos y muchísimas gracias por leerme.
Esta imagen para mí es muy significativa,

Estos son algunos de los titulares que me ayudaron a entender todo esto:
"El asma es una enfermedad pulmonar crónica, que se caracteriza por la inflamación de los bronquios, así como por la obstrucción de éstos como consecuencia de la contracción de los músculos que los rodean".
"Es una enfermedad que normalmente mejora con la utilización de broncodilatadores, es decir, es reversible y requiere un tratamiento con antiinflamatorios, personalizado y ajustado al grado de afectación".
"Los síntomas más destacados del asma son los sibilantes (pitos), la sensación de opresión en el pecho y la dificultad para respirar (disnea), la tos persistente, la fatiga y los despertares nocturnos".
"El control del asma le permite mejorar su calidad de vida, tener menos síntomas, e incluso no tenerlos, dormir y descansar mejor, no faltar a la escuela o al trabajo, realizar mejor cualquier actividad física".
"El asma es un trastorno inflamatorio crónico de las vías aéreas. Como respuesta de esta inflamación crónica, las vías aéreas desarrollan un evento conocido como híperreactividad, caracterizado por obstrucción en el flujo de aire".
“El ataque de asma ocurre en las vías respiratorias, los conductos que llevan el aire a los pulmones. A medida que el aire pasa por los pulmones, las vías respiratorias se van haciendo más pequeñas, como las ramas de un árbol al alejarse del tronco. Durante un ataque, las membranas que recubren las vías respiratorias en los pulmones se inflaman, lo cual hace que las vías se encojan. El cuerpo produce una mucosa que obstruye las vías respiratorias cada vez más y de esta manera impide la salida y entrada del aire en los pulmones".
“Asma y depresión: las razones de una infortunada relación. Asma y depresión suelen asociarse no sólo por su naturaleza de padecimiento crónico sino sobre todo en los casos en los cuales la afección respiratoria no está bien controlada. En esta situación, la dificultad o incapacidad para llevar a cabo ciertas actividades propende al aislamiento y a la frustración”.
"Si el asmático y su grupo familiar no se informan, no le queda a este enfermo otra posibilidad que vivir bajo la dictadura de su enfermedad".
“El asma no es una enfermedad psicológica, pero el papel de las emociones como disparadoras o agravantes de una crisis asmática es innegable”.
“Muchos asmáticos relatan haber tenido un ataque en situaciones en las que se involucraron emocionalmente, por ejemplo riéndose a carcajadas en una fiesta, temblando de miedo al caminar por una calle oscura, o tras la espera ansiosa de un resultado”.
“Señalan que el alcohol en sí mismo puede conseguir cierto alivio del asma. Las investigaciones modernas demuestran que el alcohol puede ayudar a dilatar las vías respiratorias que se estrechan durante un ataque de asma. Varios estudios han demostrado claramente que la administración de dosis moderadas de alcohol a personas asmáticas dilata las vías respiratorias y facilita con ello la respiración”.
“Si usted tiene asma, significa que esta enfermedad está presente en usted todo el tiempo, pero tendrá ataques de asma solo cuando algo está afectando sus pulmones. Usted puede controlar el asma si reconoce los signos de alerta de un ataque, evita el contacto con las cosas que lo pueden originar y sigue las recomendaciones de su médico".
“Los pacientes con enfermedades alérgicas como rinitis y asma suelen presentar quejas que van más allá de los síntomas característicos de cada enfermedad y que son el resultado de la repercusión de la enfermedad sobre diversos aspectos emocionales y de comportamiento”.
Y un enlace a una página donde podemos ver una breve película que explica claramente lo que ocurre en caso de un ataque de asma:
http://kidshealth.org/teen/managing_asthma/asma/asthma_mgmt_esp.html
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